Presentación de Jorge BoccaneraPor Jorge Torres
Jorge Boccanera nació en Ingeniero White, a pocos kilómetros de Bahía Blanca, cerca de un puerto que antes se conocía como Puerto de la Esperanza. De aquellos convulsionados años setenta son los poemas que diera a conocer a sus compañeros del grupo literario El Ladrillo (Vicente Muleiro, María del Carmen Colombo, Adrian Desiderato, entre otros), en una época que fue desembocadura del ancho río de la poesía de los sesenta, con referentes grupales que venían de muy lejos como el grupo Pan Duro, de Gelman y Bignozzi y El Barrilete, de Santero, Vázquez y Plaza. Esos poemas luego conforman su primer libro que tituló Espantapájaros suicidas, publicado en 1973, el año de la vuelta, del regreso de Perón y las elecciones sin proscripciones, el albor de una democracia con sino trágico pero que por aquellos años dejaba lugar a sueños hoy tan lejanos: sueños como soñados, sueños de patria socialista. Y al fragor de aquellos años se escribieron dos nuevos libros: Contraseñas, por el que recibe el premio Casa de las Américas y Noticias de una mujer cualquiera , editado en Lima. Dos libros publicados en 1976, fecha fatídica, dos libros que marcan el comienzo de un viaje que se extiende por 30 años, especialmente por los paisajes y la poesía latinoamericana. Forzado al exilio en Junio de 1976 el viajero se lleva en la valija a la ciudad de Buenos Aires, desde donde escribirá sin describirla, como dice el poeta Juan Gelman refiriéndose a la poesía de Boccanera. Pero en lugar de un ronco canto de nostalgia su poesía se vuelve música que se reparte en poemas y libros. Como si negada la posibilidad de escribir dentro de las fronteras de la patria, ese viaje de Boccanera en su imaginario poético expande esas fronteras y hace de toda la geografía y de toda la poesía de Latinoamérica su patria más ancha. En contra del autoritarismo y a favor de la poesía, lo que resulta la misma cosa, escribe y vive, que también es igual, hasta la actualidad la historia de ese viaje Desde aquella juventud dorada, que mereciera ser reconocida en 1977 con el Premio Nacional de Poesía Joven de México, ha pasado mucha agua bajo el puente. Jorge Boccanera publicó otros seis volúmenes de poesía, su obra ha sido recogida en otros tantos libros a modo de antología, fue jefe de redacción de las revistas Crisis de Argentina, Plural de México y Aportes de Costa Rica; en México preparó para Editores Mexicanos Unidos una serie de seis antologías de la poesía hispanoamericana y dos compilaciones de poesía argentina para editoriales de la Universidad Autónoma y de la Universidad de Michoacán. Escribió también los ensayos Confiar en el misterio, viaje por la poesía de Juan Gelman y Sólo venimos a soñar La poesía de Luis Cardoza y Aragón. Además fue colaborador de distintos diarios latinoamericanos y de agencias noticiosas, director de la colección de poesía Musarisa de la editorial Colihue, autor de dos obras de teatro y media docena de libros de historia de vida. Su poesía ha llamado la atención de escritores de la talla de Juan Gelman, Joaquín Giannuzzi, Olga Orozco, José Saramago, Raul Gustavo Aguirre, Enrique Molina, Horacio Castillo y Pedro Orgambide, entre otros. Escribió además más de cincuenta canciones que han sido musicalizadas o interpretadas por artistas tales como Alejandro del Prado, Litto Nebbia, Raul Carnota, Mercedes Sosa, Silvio Rodriguez y Lilia Vera entre otros consagrados, todo esto como breve, muy acotado, resumen de su viaje. Ahora, y volviendo a la poesía como calidad nuclear de este rico y valioso itinerario, sus libros de poemas de alguna manera representan el centro de fuego de este largo recorrido. Después de los tres primeros poemarios Boccanera escribió otros tres en el término de cuatro años y en el exilio político, que su esencia de poeta inquieto -contrario al poeta contemplativo- transformó en búsqueda, esos libros fueron Poemas del tamaño de una Naranja (1979)- Música de fagot y piernas de Victoria (1979) y Contra el Bufón del rey (1980). Estos volúmenes van asentando una poética particular donde se ha incorporado un cierto surrealismo muy especial, en la medida de que es el resultado evidente de ese itinerario rico en colores, sabores y sobre todo sonidos y vocablos que sutilmente se asoman a los versos del poeta de Ingeniero White, quien sin embargo sostiene un lenguaje argentino auténtico. Así vamos llegando a lo central de su obra, ya casi de regreso, entre México y Buenos Aires, entre 1980 y 1983, escribe Polvo para morder, que es publicado en 1986 por Ediciones Libros de Tierra Firma, colección de poesía Todos Bailan. En Polvo para morder ha madurado su tono particular que desde el principio dejaba ver convicciones viscerales: ...Bésale las piernas a la poesía / aunque diga que no / que aquí nos pueden ver / bésale las palabras hurga su lengua, dice el poeta, que además sabe perfectamente lo que no quiere: ....no quiero la palabra saciada de si misma / ni la verdad dorada donde no cruje un pájaro / no quiero almacenar saliva. Con Polvo para morder y Sordomuda (de 1991 Editado en por la Editorial Universitaria Sudamericana de San José de Costa Rica, donde el poeta se instala entre 1991 y 1997),Jorge Boccanera afinca el juego de correspondencias poéticas entre su viaje y su verbo que por extranjero se hace libre, donde la poesía es todas las cosas, principalmente la libertad pero también las interferencias menos poéticas del mundo, un juego de correspondencias que, cuando el lector lo sintoniza, convierte por ejemplo el sentimiento del viaje del exiliado en una caravana de elefantes que han mudado de selva: Yo integro esta manada... Yo sigo a la hembra guía / Cargo con la joroba de todas mis valijas, correspondencias entre hechos de la realidad exterior que se presenta irracional y absurda con la subjetividad del hombre, que ante el fatalismo exterior responde con poesía que augura el tembladeral de los sentidos y advierte: ¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular de bestias ! Bestias dice Boccanera, y se dice a sí mismo que hay que seguir la hembra guía, hay que seguir, dice Boccanera, quien en otro poema se convierte en perro que tira del trineo de la poesía. Bestias. Bestias en un hotel de paso, dirá luego, en 2001 con su próximo libro (Narvaja Editores, Córdoba), que es también la última estación que se le conoce a Jorge en su viaje. Un hotel de paso puede ser leído como el símbolo de una existencia personal, si de un poeta clásico de los noventa se tratara, pero lo singular de Boccanera es que aún conviviendo con una generación que traza un círculo alrededor de si misma y de eso escribe, Jorge escribe sin fronteras. Entonces, un hotel de paso es la casa de cada uno, porque como dice en un poema de su último libro: Nadie tiene una casa de buena piedra: Tenía razón el viejo Pound / En el país de los ciegos / todo cuesta un ojo de la cara. Sí, en el país de los ciegos, en donde ya sabemos que a veces para escribir o para cualquier cosa, por ejemplo para gobernar, se tiene que pagar un precio muy alto. Y en el caso de la escritura en el país de los ciegos el precio que paga el poeta cantor, el alma inquieta, es escuchar el silencio de los otros, la falta del reverbero. Contra ese silencio trabaja la poesía de nuestro visitante de hoy, celebrando y celebrándose la palabra sin claudicaciones Ojalá que su poesía y su palabra nos conmueva y nos ilumine esta noche que celebramos nosotros en Río Cuarto esta fiesta del libro, y qué bueno esto de que al cierre de la segunda edición de la Feria del Libro Juan Filloy, cuando despeje la polvareda, podamos decir: por aquí también pasó Boccanera.
Exilio Expulsados de la selva del sur de Sumatra no hay sitio para los elefantes / llegarán a destino -dijo un diario en Yakarta más la estampida cruza por suelos pantanosos y mi patria ¡guarde celosamente la selva impenetrable a este ulular de
Universo El poeta, como el cazador pobre, Baldomero Fernández Moreno El domador que mete su cabeza dentro de la boca En poeta que arroja su anzuelo en la garganta de Y el público, ¿está loco? ¿por qué aplaude?
El rock de la cárcel Ella pone la radio a todo volumen cuando intento
El peluquero Asentaba navajas en un sillón de cuero, Era más chico que un tarro de gomina Brancato Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de Un día la muerte, que hojeaba una revista
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